Inicio OpiniónNuestro Mestizaje

Nuestro Mestizaje

Por La Victoria al día

Fuente : Italo Da Camara

Recién he visto una serie de narrativas que se quieren instalar en el pueblo venezolano, una que hay que escudriñar con cuidado y con mucho respeto. Y que al final, le daremos forma a sus intenciones.

Hoy quisiera compartir mi opinión sobre algo; algo que he notado, y hoy me deja con inquietud.

Recién he visto una serie de narrativas que se quieren instalar en el pueblo venezolano, una que hay que escudriñar con cuidado y con mucho respeto. Y que al final, le daremos forma a sus intenciones.

Hoy, escuchando la Radio Nacional de Caracas, oí a un tal «formador» que hablaba sobre nuestras «raíces africanas» y del sincretismo entre nuestra cultura y la de los africanos, en particular de la cultura Yoruba. Decía cómo en aquella época nuestros nativos se mezclaron con ellos adoptando parte de su cultura, y lo hizo con mucha inclinación hacia la historia de racismo en los estadounidenses. Incluso acotó sobre un general de ese país que «saboteó» los planes de Bolívar.

Y quiero soltar con humor, Ojo con esta referencia, porque aquí ya hay un primer error histórico que delata la ligereza con que se manejan estos temas: Simón Bolivar y las teorías de Marx y su persona son incomparables

El locutor de la estación intentó recordar varias veces una gran verdad: somos una gran mezcla. Y es cierto.

Aquí es donde vengo a compartir mi opinión.

Lo primero que quiero aclarar, y que quede bien claro, no estoy negando el mestizaje. Somos una mezcla de indígenas, europeos y africanos, eso es un hecho. Pero también es un hecho que, genéticamente hablando, el venezolano promedio tiene más carga europea que africana. Dicho de otro modo: en nuestros pueblos había más blancos (criollos, españoles, holandeses) que esclavos africanos, y de ser lo contrario, posiblemente la historia hubiese sido distinta. Sin embargo, la narrativa oficial pone el énfasis casi exclusivo en el componente africano, como si lo indígena y lo europeo no pesaran en nuestra identidad. ¿Por qué será?

…Nuestras raíces más profundas son nativas del continente. Les recuerdo que todo este territorio, desde la punta de abajo hasta el norte, estuvo oculto para la civilización europea casi simultáneamente, y ya habían personas aquí habitándolo. Esas son nuestras raíces, de las que en realidad sabemos muy, muy poco.

En cuanto a los sincretismos con la cultura africana, es cierto, los hay. Pero si vamos a hablar de ritos, de atar a los muertos o de cosmovisiones, los mayas y otras culturas de México ya tenían prácticas similares mucho antes. Y ellos sí son de nuestro continente. La gran pregunta es: ¿tenemos registro histórico de contacto directo y comprobado entre estas civilizaciones y África antes de la colonia? La ciencia dice que no. Entonces, ¿por qué tenemos que mirar al otro lado del océano para buscar identidad, sin terminar de desenterrar lo que tenemos aquí mismo?

Y a esto es exactamente a lo que me refiero. Antes de formar sobre una cultura que está al otro lado del continente, creo que primero deberíamos desenterrar nuestra propia cultura. Se conoce más sobre la cultura Yoruba que sobre los Wayúu. ¿Cuánto no podríamos saber ahora de la India Yara si nos enfocáramos en ello? Nos quedan solo mitos como los de Araguaney y Tiquire, cuando podríamos profundizar mucho más en la historia que tenían antes de la era colonial. Incluso México tiene mejor registro histórico de sus nativos que nosotros.

Estudiar la historia de nuestro continente a profundidad, es estudiar realmente nuestras raíces. Ya había gente aquí antes de la conquista, que cabe recordar fue europea, española.

Ahora, hablemos un poco de esta narrativa que habla sobre raíces y racismo.

Como recién dije, nuestra raíz está en el continente, no fuera de él. Y aunque tenemos una gran mezcla con Europa y ese toque de África, la diferencia es que aquel continente está mejor documentado en su propia historia, mientras la nuestra se desvanece lentamente con estas narrativas que desfiguran el pasado. Cabe destacar que lo que sucedió aquí no solo fue el hallazgo de un continente y de civilizaciones menos avanzadas técnicamente, sino uno de los mestizajes más grandes y rápidos de la historia. Los conquistadores españoles se mezclaron con los nativos; muchos europeos (holandeses, alemanes, franceses) no regresaron a sus tierras, se quedaron aquí. Y para cuando Francia y España tuvieron su momento, en nuestro país, los criollos, los mantuanos, hijos de españoles y europeos, ya no querían saber de España, rey o corona. Este era un lugar distinto.

Esa historia que cuentan, si fue horrible en muchos aspectos, pero no todo lo fue. Bolívar, hijo de españoles, fue el que lideró la liberación del sur del continente. Y aunque también cometió torpezas dudando de Miranda, Miranda consiguió soldados y armas con sus aliados del Norte, los Estados Unidos. Miranda, hijo de mantuanos. Ribas. Todos son frutos de lo que nuestro continente enamoró a los que llegaban de afuera.

¿Por qué hablar de todo esto? Aquí vamos.

Esta narrativa no solo eclipsa nuestra propia cultura olvidada, sino que nos invita a identificarnos con una cultura que tiene una historia muy dolorosa e inhumana. Y eso es premeditado. Apelar a nuestra empatía por una cultura que sufrió tanto viene con una intención, en especial cuando la quieren volver identidad.

La intención queda en evidencia cuando el mismo «formador» habla de racismo. Ojo, el racismo en nuestro país sí existe, pero no se ha manifestado con la crudeza con que se dio en Estados Unidos. Aquí suele ser más clasista, y muchas veces se dirige contra chinos o árabes, más que por el color de piel en sí. Pero al inflar el relato de la «víctima africana» y pintar el racismo como el gran mal, lo que buscan es generar una identidad de víctima en la gente.

Porque cuando le das este tipo de sentimiento de identidad a una persona, y luego le nombras a un enemigo señalándolo de racista, entonces la narrativa cobra fuerza y se convierte en acción. Automáticamente te vas a identificar con la historia de África, y todo lo que atente contra «tus raíces» duele, y lo vas a defender. A ese punto de manipulación hemos llegado.

Sabemos a qué «enemigo» quieren señalar. Pero es otro acto más de crueldad: manipular a las personas alterando la historia y eclipsando las verdaderas raíces de un país. Por ello insisto siempre: estudien, sepan de dónde venimos. Eso nos ayuda a entender cómo llegamos a donde estamos, pero más importante aún, a darnos cuenta cuando nos mienten e intentan manipulamos.

La historia es sagrada, jamás debe alterarse para fines políticos. Espero que aquel que haya llegado hasta aquí se tome el tiempo de confirmar cada dato, y disfrute la experiencia de conocer su propia historia. Y que no deje que lo manipulen.

Hasta aquí llego. Gracias por leer.

#Venezuela #Identidad #África #Historia

Artículos relacionados